El casi periodista Ramón Valdés Boada, nos describe al malo de la película William Cornelius van Horne, ese gran CANADIENSE, a pesar de haber nacido en los EE.UU. se sentía hijo de Canadá, y fue aquí donde hizo su gran obra ferrocarrilera. Pero no, parece que algunos cubanos queremos que nos hubiera hecho gratis el Ferrocarril Central de la isla de Cuba, y además ven con mala fe, que este tratara bien a sus empleados (palos porque bogas y palos porque no bogas). Nada, que en América Letrina por eso la mierda sigue dando al pecho, porque todavía estamos llorando el oro que nos robaron los españoles hace 500 años.
Fragmento del bodrio novelado en la web de Radio Progreso y que parece escrito para subnormales:
En enero de 1900, con el nacimiento del siglo XX, arribó al puerto de La Habana un buque de bandera norteamericana procedente New York. Al desembarcar en el Muelle de Caballería, uno de sus pasajeros tomó un coche que lo llevó rumbo al hotel el Paseo del Prado. Era William Cornelio Van Horne (sic), descendiente de una familia holandesa que emigró a Estados Unidos en el siglo XVII y llegó a nuestro país decidido a convertirse en amo y señor del negocio del ferrocarril.
Ya otros colegas neocolonizadores suyos, con el disfraz de inversionistas, se habían adueñado del azúcar, del tabaco y de los minerales.
El primer ferrocarril en Cuba existió antes que en la metrópoli española y fue el tramo comprendido entre La Habana y Bejucal inaugurado el 19 de noviembre de 1837. Luego, el cinco de abril de 1846 quedó abierto el servicio de ferrocarril entre Camagüey Nuevitas.
El objetivo del ferrocarril respondía a los intereses de la industria azucarera y les comento que la construcción del tramo central, desde Las Villas hasta Oriente, comenzó en noviembre de 1990. (sic) Y aunque Van Horne no poseía la concesión para construir el ferrocarril, aceleró los trabajos para terminar lo antes posible pues ese requisito legal carecía de importancia para el clan imperialista que se había adueñado de la economía cubana.
Aunque fueron miles los kilómetros de tierra arrebatados a los campesinos, la terminación del ferrocarril central fue aprovechada por anexionistas y neo-anexionistas para manifestar su sometimiento a los amos de Washington al proclamar a Van Horne como benefactor de Cuba e incluso gestionaron de los ayuntamientos de los pueblos por donde cruzaba el ferrocarril para que adoptaran acuerdos que declararan al yanqui de origen holandés hijo adoptivo de cada localidad. ..seguir leyendo al escolar sencillo








