
Un amigo chileno me llama por telefóno, muy conmovido porque la próxima feria del libro de La Habana estará dedicada a su país.la inaugurará la Bachelet con aro, balde y paleta; atendida y acompañada de un séquito de chupatintas cubanos que la guiarán por el recinto ferial, para que ella mire hacia donde tiene que mirar y se emocione cuando sea necesario emocionarse.
Ella no preguntará por qué no ve ningún título de su compatriota Jorge Edwards, ni de clásicos latinoamericanos como Vargas LLosa o ¨La ninfa inconstante¨de Cabrera Infante. En todo caso le harán ver que es un asunto netamente monetario, propio de un país bloqueado.Y ni se percatará de que todos los kioskos están cundidos de panfletos políticos, metralla escrita por los 5 espías y reediciones de los mismos títulos del año pasado, pero con nueva portada.
Cierro los ojos y es como si asistiese al acto de inauguración: al final, un pionerito negrito (para estar a tono) le ofrecerá un ramo de rosas blancas y la vigésimoquinta edición del bodrio urdido por Ignacio Ramonet.


