El libro electrónico no cuaja en España. Ni el constante estruendo mediático de los dispositivos de lectura iPad, Sony, Kindle, ni el bullicio que armó la aparición en julio de Libranda, la plataforma de distribución de ebooks de las grandes editoriales, ni la digitalización de los best seller han conseguido que despegue la venta del formato digital. A pesar de no contar con los datos oficiales de Libranda este periódico intentó contactar con ellos repetidamente, las cifras que han ofrecido a Público las librerías asociadas a esta plataforma son nefastas.
Grandes y pequeñas, todas admiten que el negocio es pésimo. "Como mucho habremos vendido cien ejemplares en seis meses", dice Alfredo Quirós, de la librería Cervantes de Oviedo, a modo de ejemplo. La cifra más elocuente se anunció en el reciente Foro Internacional de Contenidos Digitales (FICOD): en el tiempo en el que se han vendido 300.000 ejemplares de la novela Dime quién soy, de Julia Navarro, en digital apenas se han llegado a los 300

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