"Como un sui generis homenaje para “honrar” la memoria de la víctima, su padre, Giustino Di Celmo, puso no un museo, ni un mausoleo, ni una estatua, sino una pizzeria, en 17 y J, en el Vedado, obviamente con permiso del gobierno. En el exterior de la pizzeria, se puede observar la imagen de Fabio en la pantalla de un lumínico, vestido de futbolista pateando un balón.
El negocio está ubicado en una casona azul de dos pisos construida en la primera mitad del siglo XX. En los altos, funciona un restaurante de lujo y en los bajos la pizzeria. Adentro hay otro retrato de la víctima que preside sobre los comensales. Lamentablemente el precio de la pizza más barata es de 6 dólares, o sea un tercio del salario medio cubano, lo que hace que sean pocos los nacionales que pueden darse el lujo de rendirle homenaje a a este mártir."
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