septiembre 15, 2012

Una mirada al Festival de Teatro de Camaguey (2012)




Estas líneas quiero o pretendo que sean diferentes, mi idea es hacer las cosas al revés ya que pienso que ordenar los recuerdos, las vivencias en sentido inverso es por lo menos algo no usual y con ello quizás entendamos lo que nos llevó a nuestro presente.
Como estoy en plan de reseñar lo que me interesa voy a empezar con la función que abrió el actual Festival de Teatro de Camaguey, en su edición numero catorce. Ocurrió el pasado 7 de setiembre en el Teatro Principal, pero yo solo pude asistir al día siguiente en fin...por primera vez no era competitivo y pienso que eso será lo que lo llevará a desaparecer a fin de cuentas.
Premiaron a la actriz Corina Mestre con una distinción que es la de mayor importancia en el ámbito de la cultura provincial “El espejo de Paciencia” que recuerda la primera obra literaria escrita en Cuba, aunque no por un cubano, ese lauro, creo muy merecido por la Mestre ha sido recibido por otras personalidades de esa esfera, que en mayor o menor grado han contribuido a llevar a Camaguey a ocupar así un lugar especial en la Isla.
Y me decía, que cosa tan repetida se premia cuando no se hace, acá los reconocimientos son por trayectoria, por la obra de la vida y creo es justo, pero y la de seguir haciendo contra todos los obstáculos, que aquí son muchos, y pensé lo que lograba este cuento, como su eslogan “la mejor obra para la mejor plaza” todo olvidado y terminado, “no es competitivo”. Hasta el festival anterior había diferentes categorías: actuación, dirección, grupo, etc. En fin de un plumazo una comisión va a provincias, y la ciudad de La Habana también lo es y allí se escogen las obras a concursar, solo llega a la mejor plaza lo que el gusto o interés de la comisión de expertos, o en la nueva onda “curadores” deciden.
He asistido a varios festivales de teatro en Camaguey y los grupos traían lo que consideraban su mejor puesta, eso aseguraba la selección más inteligente pues nadie mejor para saber de su trabajo que quien lo hace, para no seguir con esto: auguro festivales grises, tan grises que serán negros y llegaran a ser agujeros donde hubo constelaciones.
La obra me gustó en general, trata de rescatar el Teatro Vernáculo, allí están el gallego y el negrito, interpretados por Iván Camejo y Quique Quiñónez, ambos con “micrófonos a microondas” y puedes oírlos hasta cantar...está la mulata y el chino, faltan otros pero sobre todo vuelve la nota política, la critica mordaz y se hacen sentir sin nombres, los causantes sutiles pero presentes de un modo menos chocante, que en los videos de cabaret que a menudo vemos y parecen ser realizados para hacer dinero, complaciendo a los sin opinión, como actos de descarga masiva o catarsis a la cubana.
Aquí tal vez lo mismo pero más inteligente, la música la pone Pagola la paga y es un acierto, guarachas de Ñico Saquito, cosas de Formell con letras nuevas, acordes a lo que sucede cada día, sin precio “La Aduana”, un grupo de integrantes de la Sinfónica de Pinar del Río suben la parada de Pagola y llenan el tiempo que falta en texto pues si solo estuvieran los problemas se saturaba la obra, como estamos saturados los de la platea.
En fin una buena función que si no perfecta al menos agradable, espero en otra reseña contarles sobre los teatros remozados o mejor remaquillados y sus obras; y luego como fue el que ya no existe y que hizo posible este......

El Eggspectador Críptico