Estas líneas quiero o pretendo que sean
diferentes, mi idea es hacer las cosas al revés ya que pienso que ordenar los
recuerdos, las vivencias en sentido inverso es por lo menos algo no usual y con
ello quizás entendamos lo que nos llevó a nuestro presente.
Como estoy en plan de reseñar lo que me interesa voy a empezar con la
función que abrió el actual Festival de Teatro de Camaguey, en su edición
numero catorce. Ocurrió el pasado 7 de setiembre en el Teatro Principal, pero
yo solo pude asistir al día siguiente en fin...por primera vez no era
competitivo y pienso que eso será lo que lo llevará a desaparecer a fin de
cuentas.
Premiaron a la actriz Corina Mestre con una
distinción que es la de mayor importancia en el ámbito de la cultura provincial
“El espejo de Paciencia” que recuerda la primera obra literaria escrita en
Cuba, aunque no por un cubano, ese lauro, creo muy merecido por la Mestre ha
sido recibido por otras personalidades de esa esfera, que en mayor o menor
grado han contribuido a llevar a Camaguey a ocupar así un lugar especial en la
Isla.
Y me decía, que cosa tan repetida se premia
cuando no se hace, acá los reconocimientos son por trayectoria, por la obra de
la vida y creo es justo, pero y la de seguir haciendo contra todos los
obstáculos, que aquí son muchos, y pensé lo que lograba este cuento, como su
eslogan “la mejor obra para la mejor plaza” todo olvidado y terminado, “no es
competitivo”. Hasta el festival anterior había diferentes categorías:
actuación, dirección, grupo, etc. En fin de un plumazo una comisión va a
provincias, y la ciudad de La Habana también lo es y allí se escogen las obras
a concursar, solo llega a la mejor plaza lo que el gusto o interés de la
comisión de expertos, o en la nueva onda “curadores” deciden.
He asistido a varios festivales de teatro en Camaguey
y los grupos traían lo que consideraban su mejor puesta, eso aseguraba la
selección más inteligente pues nadie mejor para saber de su trabajo que quien
lo hace, para no seguir con esto: auguro festivales grises, tan grises que serán
negros y llegaran a ser agujeros donde hubo constelaciones.
La obra me gustó en general, trata de
rescatar el Teatro Vernáculo, allí están el gallego y el negrito, interpretados
por Iván Camejo y Quique Quiñónez, ambos con “micrófonos a microondas” y puedes
oírlos hasta cantar...está la mulata y el chino, faltan otros pero sobre todo
vuelve la nota política, la critica mordaz y se hacen sentir sin nombres, los
causantes sutiles pero presentes de un modo menos chocante, que en los videos
de cabaret que a menudo vemos y parecen ser realizados para hacer dinero,
complaciendo a los sin opinión, como actos de descarga masiva o catarsis a la
cubana.
Aquí tal vez lo mismo pero más inteligente,
la música la pone Pagola la paga y es un acierto, guarachas de Ñico Saquito,
cosas de Formell con letras nuevas, acordes a lo que sucede cada día, sin
precio “La Aduana”, un grupo de integrantes de la Sinfónica de Pinar del Río
suben la parada de Pagola y llenan el tiempo que falta en texto pues si solo
estuvieran los problemas se saturaba la obra, como estamos saturados los de la
platea.
En fin una buena función que si no perfecta al menos agradable, espero en otra reseña contarles sobre los teatros remozados o
mejor remaquillados y sus obras; y luego como fue el que ya no existe y que
hizo posible este......
El Eggspectador Críptico
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