Diego Cobián desde Vancouver:
Corría el año 1995 cuando por primera vez escuché hablar de Quebec. Entraba yo por la puerta de una de las oficinas en donde trabajaba en La Habana en el momento en que una colega agitaba en sus manos un periódico en inglés mientras decía, “tantos problemas que hay en el mundo y mira a estos que viven en un paraíso, en busca de problemas”. El comentario se me quedó en la memoria, más que por comprender de qué se trataba, por la curiosidad que despertó en mí que allá afuera hubiesen realmente “paraísos”, mientras nosotros vivíamos sin rumbo, llenos de calamidades y sinsentidos.
Por aquel entonces el único lenguaje que yo hablaba con soltura era el “habanero”, tenía una idea bastante inocente del resto del mundo y si bien podía identificar a Canadá en el mapa por ser el segundo país más grande, no era en mi imaginación más que una gran extensión de pinos y nieve, habitada básicamente por esquimales. Lejos estaba por aquellos días de imaginar que Canadá es un hermoso país con ciudades modernas, que Quebec llegaría a ser tan popular en mi abecedario como cualquier otra provincia del caimán verde donde nací, o que con el tiempo podría yo leerme aquel periódico de lengua imposible con la misma rutina con que me leía de un tirón Granma y Juventud Rebelde...seguir leyendo en Cubaencuentro

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