en CUBANET:
Juan, un vecino muy querido, es médico. Hace años fue a trabajar a Nicaragua y allí conoció a Ilsa, una joven alemana médico también, con la cual inició una amistad que se mantiene hasta hoy.
Como Ilsa siempre había vivido en la Alemania Federal, y no conoció la Alemania comunista, había oído decir muchas cosas de Cuba que no creía, pero cuando comenzó a visitar a Juan pudo comprobar varias de ellas. Lo primero que ocurrió fue que su amigo tuvo problemas con el CDR y las autoridades, porque no podía hospedar a una extranjera en su casa.
Al año siguiente, ella inició los trámites para que él fuera a Alemania, pero el viaje no se dio porque a los médicos en Cuba no se les da permiso para salir de visita. Desde entonces, Ilsa viene a verlo anualmente.
Este año, vino acompañada por otra amiga alemana. Esta quería conocer el casco histórico de La Habana, así que planificaron un recorrido por la parte antigua de la ciudad. Sarita, la sobrina de Juan, les serviría de guía. Comenzaron su recorrido por el Malecón, y de ahí irían al Paseo del Prado. En cuanto llegaron a este, las golpeó un fuerte mal olor que enseguida identificaron como orina. Lo imprevisto del incidente hizo que Ilsa le dijera a su amiga en tono de burla: “Parece que los leones están vivos.”
Pero Sarita, avergonzada por aquellas palabras, les dijo: “Es que no hay baños públicos por esta zona. Hasta hace poco había uno en la calle Obispo, pero en su lugar hicieron una cafetería.”
Mientras caminaban por el Prado en dirección al Capitolio, el olor a comida de los restaurantes que solo cobran en divisa se mezclaba con la fetidez de la orina y los excrementos. Pero la amiga de Ilsa insistía en ir al Capitolio, y Sarita no pudo disuadirla, a pesar de que sabía que allí se encontrarían con una situación similar...seguir leyendo
Foto: delcampe

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