en el ADELANTE:
—¿Y cuáles son las principales diferencias respecto a las elecciones actuales?
—Que ningún político de esos sentía nada por el pueblo, ni quería hacer nada por él. Cuando salían decían que había un presupuesto para construir un hospital pero no se hacía nada, el dinero se lo cogían ellos y su camarilla, las famosas “botellas”, gente que cobraba y no trabajaba. Eso era lo peor, la politiquería de la época.
“Ah, pero después vino esta otra etapa, que tiene sus defectos pero por lo menos hay democracia. Se hace una asamblea en el barrio, cualquiera puede proponer a quien considere adecuado para representarlo y si todos los demás creen que tiene mérito pues ese va propuesto.
“A la hora de votar cada cual lo hace por quien desee y durante las elecciones las urnas las escoltan los pioneros y todo el mundo puede ver el conteo de las boletas.
“Ahora no hay politiquería, ni dinero. No se hacen promesas, incluso ningún Delegado gana más por salir electo, es parte de su trabajo. Además, tienen que rendir cuentas respecto a su gestión ante sus electores cada cierto tiempo, y si no lo hace bien, el pueblo los puede revocar.
“Es verdad que los Delegados a veces no pueden hacer muchas cosas porque nosotros estamos limitados de recursos, estamos bloqueados, el país tiene poco crédito, pero al menos uno le puede transmitir las cosas más esenciales, para que él haga lo que pueda. Lo más importante es que uno se siente que forma parte de algo”.
¿Y todo lo que había construido antes de la robailusión era de cartón?

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