Sus hermanas le quisieron igual. María del Carmen le escribía en un susurro de enero de 1882 que permite “leer” la carta que está detrás: “Mi siempre querido hermano: Yo no estoy enojada porque me hayas aconsejado...”. Igual veneración se respira en la que poco antes le había dirigido Rita Amelia: “...sabes que tus cartas para mí son un tesoro que guardo y cuido para no perderlo nunca. Leí el verso que nos mandaste, no olvidaré lo que con él nos quieres decir, está bonito y fácil de comprender, ya me lo sé de memoria”.
2 comentarios:
La hermanita, posiblemente sin proponérselo, lo puso al nivel de Nitza Villapol y aquellas recetas "sabrosas y fáciles".
La pobre, su cabecita no daba para más, para ella seguro Blancanieves era demasiado complicada
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