En su escrito Moreno recordaba que “breves instantes después [de las doce del día] comenzó una salva de 21 cañonazos disparados por la batería situada frente al Templete, se oían los acordes de los himnos Americano y el de Bayamo y la multitud que colmaba parte de la Plaza de Armas y las calles y las aceras inmediatas prorrumpía en vítores y exclamaciones. ¿Qué veía aquella inmensa concurrencia que así se agitaba?
“Era que contemplaban como descendía lenta y gallardamente del mástil emplazado en la azotea del Palacio junto a su gran reloj la bandera americana y a su vez subía hasta el tope, la bandera de la República de Cuba, consagrando el final de la ceremonia.
“Cuando yo me dirigí [continúa Moreno en su relato] atraído por el vocerío de la calle al tercer balcón del salón para inquirir que sucedía, vi a dos militares americanos, cabos o sargentos, tirando de una driza y llevaban, desde arriba una bandera americana. Deduje que había estado en lo alto del Palacio y comprendí que la causa de tanto alborozo en aquella inmensa muchedumbre, la originaba ver izar la bandera cubana, al arriarse la americana, inquirí sus nombres . Yo les comunicqué a mis compañeros y en todos los periódicos del 21 de mayo se dijo que habían sido ellos, los encargados del cambio de las banderas. “Más la verdad no había sido esa y yo lo supe por el testigo más excepcional que podía ofrecer al investigador y ahora romperé un secreto que juramos mantener los seis periodistas que hicimos el 20 de mayo los informes de Palacio. Estos seis periodistas eran: Guillermo Valdés Portela del diario La Discusión, Felipe Taboada de La Lucha, Federico Rosainz de El Comercio, Juan Dardet de la Unión Española, Víctor Muñoz de El Mundo y el que escribe estas memorias [Enrique H. Moreno de El Nuevo País]. |
“Temprano en la mañana del día 21, llegó al salón de Reporters de Palacio, el fotógrafo Gómez de la Carrera, que había sido el fotógrafo oficial del Gobierno Interventor y me llamó aparte afectuosamente. Él era mi amigo hacía muchos años aunque nuestras edades eran distintas, y ya solos en el amplio portal que da paso al zaguán del patio del Palacio me dijo: Qué malos son los periodistas cubanos... ¿Quién arrió la bandera americana?, ¿Quién izó la cubana?... Y me mostró una fotografía en que aparecen los generales Wood y Máximo Gómez en la azotea del Palacio. La actitud de ambos generales, situados detrás del gran reloj de la azotea, cerca del asta de la bandera, Wood, en atención, Máximo Gómez tirando de la driza y la bandera cubana, casi llegando al tope, me hicieron comprender el error padecido por los periodistas cubanos, al citar a los militares americanos como los que habían actuado en el cambio de banderas.
“Yo referí el hecho singular a mis compañeros y convinimos en silenciar la rectificación que Gómez de la Carrera hiciera con prueba concluyente y así permaneció oculta la verdad histórica. Al extremo que el Dr. Rafael Martínez Ortiz, que fuera Secretario de Estado, en su libro muy interesante, Los primero años de la República, consigna, seguramente tomados de los periódicos de la fecha, los nombres de los sargentos Kelly y Wundrock como los protagonistas de la arriada y ascensión de ambas enseñas de Estados Unidos y Cuba el 20 de Mayo de 1902 en la sede de la Gobernación de Cuba.”
La publicación de este episodio provocó de inmediato una gran polémica que envolvió a historiadores, investigadores y periodistas. No se encontró en los periódicos cubanos ni extranjeros de aquellos días, ni en los libros publicados, ni en ninguna otra fuente que confirmara el artículo de Moreno basado en la fotografía que le mostró y la explicación que le hizo Gómez de la Carrera.
Tanto los historiadores Emilio Roig de Leuchsenring, en la revista Carteles, como Jorge Quintana, en Bohemia, demostraron sin lugar a dudas que los sargentos E. J. Kelly y Frank Vondrak del Séptimo Regimiento de Caballería fueron los que arriaron la enseña norteamericana e izaron la cubana inmediatamente después de la firma oficial del traspaso de poderes. El propio Gómez de la Carrera retrató a estos militares y los publicó en El Fígaro junto con otras fotografías de la ceremonia que él hizo.
Lo que sucedió fue que después de concluir la ceremonia oficial, el Generalísimo Máximo Gómez subió a la azotea acompañado del Gobernador Leonardo Wood para bajar del asta del Palacio la bandera cubana de gala que se había izado durante la ceremonia y obsequiarla como recuerdo al gobierno de los Estados Unidos, colocando otra en su lugar. Aunque todo quedó aclarado, no se conocía el motivo que había tenido el fotógrafo Gómez de la Carrera para despistar a su amigo Enrique H. Moreno.
El profesor de fotograbado de la Escuela Profesional de Periodismo Márquez Sterling Julio Lagomasino nos comentó en una de las clases de junio de 1952, que él había sido uno de los fotógrafos que se encontraba en la ceremonia oficial del nacimiento de la Republica junto con Guillermo Blaín, el fotógrafo preferido del presidente Tomás Estrada Palma; Francisco Cabrera, de La Caricatura; S. Gelabert, corresponsal de la revista Blanco y Negro; Juan Francisco Steegers de La Lucha; Federico Gibert de La Discusión; Néstor Maceo y Ramón Carreras que representaban a revistas extranjeras; José Gómez de la Carrera, fotógrafo oficial del Gobierno interventor norteamericano y corresponsales de distintos diarios y revistas norteamericanos.
Los fotógrafos, continuó diciéndonos Lagomasino, estábamos en un extremo del Salón y desde allí retratamos a Estrada Palma, Leonardo Wood, Máximo Gómez, militares yanquis y congresistas cubanos que posaban muy contentos ante las cámaras. A las doce del día comenzó la ceremonia oficial con los discursos del interventor saliente y del Presidente cubano. Inmediatamente después rubricaron los protocolos del cambio de poderes, mientras que la banda militar interpretaba los himnos de Estados Unidos y de Cuba y los dos sargentos del Ejército norteamericano efectuaban el cambio de la bandera norteamericana por la cubana en la azotea. Como todo se produjo simultáneamente ninguno de los fotógrafos que estábamos en el salón pudimos hacer las fotos de la azotea. Estaba previsto que otros las tomaran.
Al terminar el ceremonial el General Wood le indicó a Gómez de la Carrera, que lo siguiera y junto con el Generalísimo subieron a la azotea. Los sargentos norteamericanos estaban esperando y a una orden de Wood arriaron la gran bandera cubana y colocaron en su lugar otra más pequeña que el General Gómez se encargó de izarla. Mientras lo hacia posaron para el fotógrafo. También tomo la foto de los sargentos. La gran bandera cubana, como se ha dicho, fue obsequiada al Gobernante norteamericano Wood como recuerdo de ese memorable día.
Gómez de la Carrera bajó gozoso, el privilegio de ser el fotógrafo de Wood le había permitido obtener una fotografía única y se encontró con sus compañeros Lagomasino y Steegers a quienes les dijo burlonamente: - Los encargados del protocolo han dado a la prensa los nombres de los dos sargentos que arriaron e izaron las banderas. Pero ¿Qué pasaría si yo les dijera a los periodistas que no fueron esos soldados los que cambiaron las banderas sino los Generales Wood y Gómez?, ¿Qué cara pondrían? y yo tengo una foto que lo puede “demostrar”. Lagomasino y Steegers se rieron pero no se imaginaron que al día siguiente le gastaría esa broma a su amigo.
Moreno, pensando que era verdad, lo comentó a sus compañeros. Estaba apenado porque él había dado el nombre de los sargentos y la información que había salido publicada en los diarios habaneros. Pero sus colegas lo tranquilizaron y conviniendo en dejarlo así, a fin de cuentas los periodistas extranjeros publicaron lo mismo que los cubanos y nadie lo puso en duda. Pasaron los años, Gómez de la Carrera murió en 1908 y ninguno de aquellos periodistas tuvo en cuenta ni recordaron la ocurrencia del fotógrafo.
Al cumplirse el cincuentenario de la Republica, Moreno, que era una persona muy honesta, no podía seguir cargando con el peso de ese secreto y publicó la foto y lo que le había dicho el fotógrafo en aquella ocasión. Como no se había percatado que era una broma, creo esa confusión.
Fuentes:
Enrique H. Moreno (Testigo presencial) “Mi 20 de Mayo de 1902”, Bohemia, 18 de mayo de 1952, pp. 129 y 130.
Julio Lagomasino comentando el artículo de Moreno con alumnos de fotografía de la Escuela de Periodismo Manuel Marques Sterling en junio de 1952.
Rafael Pegudo. El Cincuentenario de la Asociación de Reporters de La Habana, "El Reportaje Gráfico en Cuba" p. 315.
Bohemia 25 de mayo y Carteles 29 de mayo de 1952.
Revista El Fígaro del 1ro. de junio de 1902.
Este artículo fue publicado en el sitio oficialista de los "periodistas" cubanos, pero cita fuentes anteriores a 1959, perfectamente verificables.